Bodega y maridaje
Maridajes para una parrilla argentina
Malbec, Bonarda y Torrontés en la mesa de todos los días
Elegir el vino para una parrilla no se resuelve con una sola etiqueta. El corte, la grasa y el punto de la carne cambian la ecuación, y lo que funciona con una entraña jugosa no necesariamente acompaña a una provoleta recién salida de la brasa. En esta nota proponemos maridajes simples con uvas que se dan bien en Argentina, pensados para la mesa de todos los días.
Malbec joven para el asado de tira
El asado de tira tiene mucha grasa y colágeno, y pide un tinto con fruta madura y taninos presentes pero no agresivos. Un Malbec joven, de paso por madera breve, cumple bien: la ciruela y la violeta se llevan bien con el sabor de la brasa, y la acidez limpia el paladar entre bocado y bocado. No hace falta buscar añadas de guarda para un plato que se come con las manos.
Bonarda de guarda para el vacío y la entraña
La Bonarda tiene una acidez natural que corta la grasa sin tapar el sabor de la carne. Un Bonarda con algunos años de botella, con notas de frutos rojos maduros y un dejo terroso, funciona muy bien con cortes como el vacío o la entraña, que tienen más fibra y sabor intenso. Servilo a unos 16 grados, no más frío, para que la fruta se exprese.
Torrontés para las entradas y la provoleta
Antes de la carne, la mesa pide algo fresco. Un Torrontés salteño, con su aroma floral y su final seco, acompaña las empanadas criollas y la provoleta sin competir con el queso. También va bien con achuras como la molleja, que tienen un sabor más delicado. Servilo bien frío, alrededor de 8 grados, y en copa chica para que no se caliente rápido.
Cómo servir la copa sin pelear con el humo
El humo de la brasa es parte del plato, pero también puede tapar el vino si la copa es muy ancha o si el vino está demasiado frío. Una copa de tamaño medio, con buen pie, permite que los aromas se abran sin exagerar. Y si la mesa es larga y la charla se estira, conviene tener una segunda botella a temperatura ambiente antes de que la primera se termine.
La idea es que la mesa funcione sin solemnidad. No hay una única respuesta correcta: hay vinos que acompañan mejor que otros según lo que haya en el plato. Probar, equivocarse y volver a servir es parte del asunto.